Call of Duty vs. Counter-Strike: el gran duelo shooter

Hablemos de dos pesos pesados, de dos shooters que han copado más titulares que Cristiano Ronaldo en plena temporada liguera. Y eso que sus respectivos defensores más fieles no se llevan precisamente bien: hay quien dice que en la generación de COD falta disciplina y madurez. Existe material documental para justificarlo. Otros tienen claro que no piensan caer en ese mercadillo de loot boxes, de skins para el enésimo fusil y el dichoso popping en las texturas de los mapas.

Amigos de ambos shooters, tranquilos. No hace falta que nos plantemos en un bando o en otro, ambos ofrecen experiencias alternativas, complementarias. Veamos qué argumentos presenta cada juego para ganar este duelo.

Call of Duty: a favor

Con catorce entregas, 15 si contamos una remasterización del hit Modern Warfare, y 300 millones de copias vendidas en total, lanzados en todo tipo de plataformas, desde Wii o teléfonos Blackberry hasta la más reciente Xbox One X, el de Call of Duty es un legado extenso, con una enorme comunidad detrás.

Pero más aún cuando hablamos de realismo, de ese amor por los detalles imposibles lanzando un cuchillo desde la otra punta del mapa y ventilándonos al campero de turno.

No es que podamos patear una granada y enviarla de vuelta a nuestro enemigo, ni que podamos matar al enemigo de un balazo limpio, sino que los COD cuentan con sus campañas, con sus lecturas internas entre las distintas sagas (Black Ops, Modern Warfare, los spin-offs futuristas, etcétera). Y, sobretodo, hablamos de un juego que ha ido evolucionando poco a poco, cambiando de motor gráfico y plantando nuevas posibilidades lúdicas, como sus omnipresentes zombies.

Una historia de motores

Call of Duty comenzó su andadura aprovechando el motor de otro gran peso pesado —apodado como Quake III Engine—. Su meta era emular esos grandes clásicos cinematográficos, heredando de Medal of Honor ese regusto cinematográfico por lo rimbombante, por las orquestaciones y la escala magna.

En la segunda entrega apostaron por un salto de gigante y un motor propio, el IW engine 2.0. Infinity Ward hizo suyas las herramientas y fue contratando a especialistas en animaciones. COD 3 pasó a usar el motor Treyarch NGL —último juego comercial en usarlo— y COD 4: Modern Warfare cambió las reglas con su perspectiva de la guerra moderna.

Y vendió una verdadera fortuna: más de 20 millones de copias elevaron este shooter a los telediarios de sobremesa. Y eso que el cambio hacia el engine IW 3.0 dejó condicionó un montón de mejoras —iluminación HDR, sombras dinámicas y profundidad de campo mejorada— que supo aprovechar World at War, en su retorno a la Guerra Mundial.

Modern Warfare 2 ascendió al IW 4.0 y trajo nuestra querida bomba nuclear dentro de las rachas de bajas. Por su parte, Black Ops plantó los zombies en plena Guerra Fría. Y, aunque volvieron al motor de WaW, mejoraron ostensiblemente los sistemas de colisión de objetos o el sistema de iluminación gracias a Demonware.

Modern Warfare 3 hizo uso de la tercera iteración del IW Engine y contó con optimización online, pensando ya en los eSports, un modo para personas daltónicas, audio 5.1, etcétera. A su vez, Black Ops 2 reforzó el competitivo, las medallas, las rachas de puntos y se consultaron expertos militares y capturaron movimientos de actores profesionales. Todavía hoy es considerado uno de los mejores. Y no es difícil encontrar usuarios poblando sus servidores.

El inciso de COD: Ghosts dejó caer nuevos procesos de renderizado optimizados gracias a Umbra 3 y su occlusion culling, hasta que Sledgehammer Games aterrizó con Advanced Warfare, con 400 modelos de armas, bombas de ADN, modo supervivencia y un largo etcétera. Aunque gustó regular hay que reconocerle la ambición. Y soy hay que fijarse en la última entrega, con todo el audio regrabado desde cero, las animaciones reescritas, con una documentación brutal.

Hora de Counter Strike: Global Offensive

Pero no todo está dicho, tranquilos. CSGO empezó su andadura aún antes. Mientras que COD comenzó su andadura en octubre de 2013, CS:GO nació durante el verano de 2012 —sí, es incluso previo al lanzamiento de Steam, en 2014—, con una clara vocación multijugador, sin mandangas relacionadas con campañas ni nada parecido.

Ese mismo año, en el Dreamhack Winter 2013, nació la primera major propiamente dicha. Tuvo lugar en Jönköping, Suecia, con 250.000 dólares en premios, y de los 16 equipos participantes, Fnatic se llevó el gato al agua. Luego vendría EMS One: Katowice 2014, ESL One: Colonia 2014 y una dilatada dinastía que aguanta hasta hoy, hasta el ELEAGUE Major: Boston 2018.

El shooter de Valve nació casi como free-to-play. No, en serio, costaba 10 euros, pero frente a los 60 de cualquier COD es un regalo. Los primeros torneos se jugaban en la clásica versión 1.6, la que todos dimos por perfecta. Y si COD puso los shooters en prime time, CS:GO propulsó en juego en PC y los cibercafés, las LAN Parties entre colegas y el gasto en montar PC’s por piezas. Porque el concepto PC gaming es bastante actual, lo creamos o no.

Y ojo, logró 25 millones de unidades vendidas durante los primeros 4 años. Tan directo y versátil, el motor Source 2 fue creciendo y menguando en opciones, los modders hicieron lo que quisieron con él y la propia Valve fue enriqueciendo el juego con cada actualización. Mientras una saga se veía obligada a validar su puesto con cada entrega, los chicos de Valve simplemente crecieron horizontalmente, siendo como FPS los absolutos reyes en el mercado de los eSports.

Y si tenemos que centrarnos en explicar a un profano de qué trata CS:GO, el resumen no puede ser más breve: terroristas a un lado y contraterroristas a otro.

Los modos han ido en aumento —asegurar zonas, desactivar una bomba y rescatar o proteger a los rehenes— pero si eres usuario ya sabes lo que hay: CSGO es más hardcore, cuenta incluso con fuego amigo y el daño de las armas es dinámico. Es un juego para quienes quieren pegar tiros sin necesidad de que le relaten razones.

Siendo honestos, se nos hace imposible mostrar preferencia por uno u otro.

COD nació como juego de PC pero acabó fagocitado por el usuario consolero. Allí encontró su hábitat ideal y allí se quedó a vivir. CS:GO no contempla otro hogar que el PC, ese usuario preocupado (casi obsesionado) con bajar el ping de su conexión y raspar unos segundos extra. Ambos son ya clásicos ineludibles, en cualquier caso.

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